La Iniciativa de los Tres Mares: pasado, presente y futuro de un potencial enemigo al orden europeo

La Iniciativa de los Tres Mares (I3M) nace en el 2015 y debe su nombre a los tres mares que bañan las costas de algunos de sus miembros: el Adriático, el Negro y el Báltico. Aunque fundado por Croacia y Polonia, el liderazgo del grupo está en manos de Polonia, Hungría, Eslovaquia y República Checa (el llamado Grupo de Visegrado). A ellos se suman Estonia, Letonia, Lituania, Austria, Eslovenia, Rumanía y Bulgaria. El objetivo de este foro es la cooperación político-económica entre estos países, que constituyen Centroeuropa y la mayor parte de Europa del Este, para que su desarrollo llegue a los niveles de sus compañeros comunitarios del lado occidental. Los intereses conjuntos de estos países están sobre la mesa; algunos de ellos se encuentran en el punto de mira tras haber abierto disputas contra miembros de la Unión Europea como Francia o Alemania. La cuestión ahora es si esos intereses son compatibles con la hoja de ruta de la UE de la que a día de hoy forman parte.

Miembros del foro

Al tratarse de países europeos, es importante hacer un recorrido histórico por el especialmente convulso y conflictivo siglo XX. Tan solo hay un país dentro del foro que no tuviese relación con la URSS en algún momento, Austria, pero este fue anexionado por parte de Hitler a la Alemania nazi en 1938 (“Anschluss”) en su cometido por engrandecer el Tercer Reich. Tras la derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial y el suicidio de su infame líder, el ejército soviético ocupó Viena y apoyaron la creación de un gobierno de coalición en el que se encontraban los socialistas, socialcristianos y comunistas austríacos. 

Por su parte, Estonia, Letonia y Lituania pertenecieron a la URSS hasta su disolución en 1991. Los Estados Bálticos fueron ocupados por Hitler en 1941, pero recuperados por la URSS tres años después, hasta que en el año 1987 comenzó la conocida como Revolución Cantada en Estonia como protesta ciudadana para independizarse por fin del país soviético. El caldo primitivo del descontento comenzó con las archiconocidas glásnost y perestroika, impulsadas por Gorvachov, para conseguir la reconstrucción y subsecuente aceleración económica. La conclusión fue la formación del Frente Popular en Estonia, Letonia y Lituania, que lograron representación en Moscú tras las elecciones de 1989. En ese mismo año, tuvo lugar el acontecimiento que lo cambió todo, la Cadena Báltica: dos millones de personas formaron una cadena humana que se extendía más de 600 kilómetros uniendo las tres capitales bálticas, reivindicando su solidaridad interestatal y su deseo conjunto de autonomía e independencia de la URSS. Consecuentemente, al año siguiente, tuvo lugar una convocatoria electoral en cada una de las tres repúblicas bálticas en las que ganó por una mayoría abrumadora el Frente Popular en todas ellas, y comenzaron los primeros pasos para presentar su referéndum de autodeterminación. El “sí” obtuvo una mayoría aplastante en las tres: en Lituania un 93%, en Letonia un 74% y en Estonia un 78%. La Revolución Cantada concluyó siendo un éxito. 

Figura 1: Ciudadanos durante la Cadena Báltica en su paso por Letonia.
Fuente: France24

Los países del centro de Europa —República Checa, Eslovaquia y Hungría— junto con los del Este —Bulgaria y Rumanía— que son miembros del foro, fueron estados satélites de la URSS. Checoslovaquia fue territorio soviético desde que en 1948 se produjese un golpe de Estado que terminó con el poder en manos del comunista Gottwald. El golpe se orquestó desde Moscú, donde Stalin prohibió en ese momento al primer ministro checoeslovaco Masaryk la petición de acceso al Plan Marshall. La Guerra Fría congelaba Centroeuropa. Sus vecinos polacos también sufrieron la invasión soviética hasta que las tropas se retiraran finalmente en el año 1993, 54 años después de que se introdujesen en el territorio tras la invasión nazi. Finalmente, encontramos el caso húngaro con la Alemania nazi en la archiconocida Operación Barbarroja de 1941, cuyo objetivo final era la invasión de la Unión Soviética. Tras el fracaso de la operación en ese mismo año por las condiciones climatológicas tan extremas a la que se enfrentaron los soldados, en 1944 la URSS ya había recuperado todo el territorio anterior a la guerra avanzando hacia Centroeuropa, por lo que el 4 de abril de 1945 el Ejército Rojo tomó Budapest, después de cinco meses de contienda. El resultado fue la ocupación total del país hasta junio del año 1991, tras un tratado amistoso entre ambos países

Figura 2: Liberación de praga en 1945.
Fuente: Radio Prague International

Más al Este, encontramos a Rumanía y Bulgaria. El primero sufrió la dictadura de Nicolae Ceausescu durante 22 años, hasta que en diciembre del año 1989, fue fusilado junto a su esposa Elena. Fue una dictadura de corte comunista, pero alejada del Kremlin: estaba dispuesto a políticas aperturistas tendentes al capitalismo para perpetuarse en el poder a través del desarrollo económico de su país, incluso denunció públicamente la invasión de Checoslovaquia en 1968. Tras unas polémicas reformas sociales, el 17 de diciembre de 1989 comenzó la revolución definitiva en Timisoara, antigua ciudad austro-húngara, capitaneada por el párroco Laszlo Tokes. Tras la muerte de 1.100 personas, el ‘Conducator’ y su esposa Elena fueron fusilados el 25 de diciembre de 1989, suceso que fue retransmitido en directo por la televisión pública rumana. Por su parte, en Bulgaria la dictadura de Todor Yikov llegó a su fin tras dimitir dos días después de la caída del muro de Berlín y 35 años después de ascender al poder. A diferencia de Ceausescu, era leal al comunismo soviético, quienes le prestaban apoyo político, económico y militar, pero la URSS caía por su propio peso. Finalmente, fue enjuiciado tras su dimisión y cumplió unos meses de cárcel; así fue como Bulgaria dijo adiós a la dictadura y celebró sus primeras elecciones en 1990

Figura 3: Paramilitares serbios en Croacia.
Fuente: Descifrando la guerra

Por último, encontramos a los herederos de Yugoslavia: Croacia y Eslovenia. En enero de 1990, se enfrentaban dos posiciones en el congreso de la Liga Comunista de Yugoslavia: los serbios, que apostaban por una mayor centralización, y los eslovenos, que querían evolucionar a un sistema democrático liberal. No hubo un acercamiento de posiciones y la conclusión fue el abandono de la delegación eslovena, hecho al que se sumó también la croata. Tras las elecciones que fueron sucediéndose en ese mismo año, tanto en Croacia como en Eslovenia salieron victoriosos los nacional-soberanistas, mientras que en Serbia ganaron los nacional-centralistas con su conocido líder Milošević. Las regiones croata y eslovena realizaron referéndums de independencia en 1991 y 1990 respectivamente pero, a pesar de la victoria del “sí”, la contienda no había hecho más que empezar. El Ejército Popular Yugoslavo trató de frenar a Eslovenia, pero este último defendió sus posiciones y los yugoslavos fracasaron. Por otro lado, en Croacia la situación fue más complicada, ya que, a diferencia de en Eslovenia, la población no era étnicamente homogénea. Después de un alto el fuego firmado entre Croacia y Serbia en 1992 tras la ocupación de parte del territorio croata, no fue hasta 1995 cuando Croacia fue capaz de recuperar todo el territorio perdido gracias a su alianza con Bosnia en los acuerdos de Washington. La guerra terminó con la firma de los Acuerdos de Dayton bajo la atenta mirada de la OTAN.

Actuación del foro

El objetivo final de esta asamblea es la independencia de Rusia, sobre todo en lo que se refiere a materia energética. Lo que se pretende mediante la asociación de estos doce países es cambiar el eje de oferta-demanda de suministros de este-oeste a una dinámica norte-sur de modo que estos países cooperan para poder invertir más porcentaje de sus fondos en infraestructuras mediante los subsecuentes acuerdos económicos a los que llegarían en este foro. La inversión en infraestructuras es necesaria para alcanzar un desarrollo a la par que sus compañeros occidentales europeos; un indicador que demuestra lo expuesto es que un individuo que vive en Europa Occidental posee el doble de kilómetros de autopista en proporción a un individuo de la Europa Central-Este. 

Es por ello que desde su fundación en el año 2015, los miembros de la I3M se han reunido un total de cuatro veces: en 2016 en Dubrovnik, en 2017 en Varsovia, en 2018 en Bucarest, en 2019 en Liubliana y la pospuesta por la pandemia que iba a tener lugar en 2020 en Tallin. En todas ellas se han especificado claramente sus objetivos grupales, que giran entorno al crecimiento económico, la energía y el transporte. Además, en la cumbre de Varsovia, se estableció el Business Forum, para fomentar la cooperación en materia financiera y de negocios entre sus miembros. Está compuesto por 600 representantes empresariales de otros países europeos (comunitarios y extracomunitarios), Estados Unidos y de los propios estados que componen la I3M. Finalmente, como órgano económico, también se creó la Network of Chambers of Commerce, conformada por las Cámaras de Comercio de todos los países con el objetivo de facilitar y motivar las relaciones comerciales entre los doce países. 

La I3M en el contexto internacional

Como se ha mencionado, la relación entre todos los países de la I3M y Rusia fue determinante a lo largo del siglo XX. El deseo de pertenecer al bloque occiedental y su oscuro pasado comunista, ha llevado a estos doce países a obtener la mayor independencia económica de Rusia posible y esto es notorio en las relaciones que ha establecido internacionalmente con distintos actores.

La I3M tiene un profundo sentido atlantista ya que todos los países, excepto Austria, forman parte de la OTAN. Esto les asegura encontrarse bajo su paraguas de protección en caso de que Rusia produjese alguna ofensiva en cualquier parte dentro sus fronteras. Esto viene motivado por algunas heridas históricas que aún siguen abiertas, como ocurre con Polonia y su proyección ideológica en Bielorrusia o Ucrania; también ocurre en Rumania, que quiere proceder a la reunificación con Moldavia y va en contra de los intereses rusos; o Croacia, cuya enemistad con Serbia —firme aliado de Rusia— aún sigue latente. 

Por último, pero notablemente importante, es necesario remarcar sus vaivenes con la Unión Europea. El Grupo de Visegrado es el que mayor peso posee dentro del foro y dentro de él encontramos gobiernos que han dado un giro ultraconservador y euroescéptico, lo que preocupa a la Unión Europea: podrían usar la I3M en su contra e incluso producirse una salida masiva de la comunidad. Estas disputas se han demostrado en varias ocasiones, como ocurrió con el enfrentamiento a  Francia y Alemania por la construcción de oleoductos que discurrían en sus respectivos territorios, o con la gestión de la crisis de refugiados. Si bien es cierto que el escenario es incierto y la Unión Europea pasa por unas horas bajas de legitimidad, tanto por el Brexit como por el crecimiento de los gobiernos euroescépticos sobre todo en Centroeuropa, cuentan con un apoyo crucial a escala internacional y es el de Estados Unidos, fuertemente interesado por sus desavenencias con Rusia. 

Figura 4: Red de gasoductos que transcurre por Europa.
Fuente: El Orden Mundial

Tan solo el tiempo será capaz de esclarecer el futuro de la Iniciativa de los Tres Mares y su relación con la Unión Europea, pero debe mirarse con cautela, podría suponer la pérdida del 28% del territorio comunitario y el 10% del PIB, dejando entrever la apertura de un escenario en el que el hundimiento de la UE dejaría de ser meramente hipotético.  

Fuente de la imagen destacada: Universidad de Navarra

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